Nunca olvidaré el día que recibí la llamada. Después de meses enviando currículums, entrevistas nerviosas y mucha incertidumbre, por fin me confirmaron que había sido seleccionado para comenzar como becario en un Bufete de abogados Vigo. Fue una mezcla de emoción, vértigo y ganas inmensas de demostrar todo lo que había aprendido —y, sobre todo, de seguir aprendiendo.
Desde el primer día supe que no iba a ser fácil. Entrar en un despacho con tanto prestigio, rodeado de profesionales con años de experiencia, impone respeto. Pero también me hizo entender que estaba justo donde quería estar. La rutina cambió radicalmente: pasé de las aulas universitarias a un entorno mucho más exigente, donde cada palabra, cada documento y cada reunión tenía un peso real.
Mis tareas al principio eran sencillas: organizar expedientes, revisar sentencias, acompañar a los abogados a juicios o tomar notas en reuniones con clientes. Pero incluso en esas pequeñas tareas, sentí que estaba aportando. Me sorprendió la paciencia con la que algunos abogados me explicaban conceptos que creía dominar, pero que, en la práctica, cobraban un sentido completamente distinto.
Vigo también se convirtió en parte importante de esta experiencia. Vivir en una ciudad con tanto movimiento jurídico y empresarial me abrió los ojos. El despacho donde trabajo lleva casos de todo tipo, desde temas laborales hasta mercantiles, y eso me ha permitido ver la diversidad del mundo del derecho desde dentro.
Uno de los momentos más significativos fue cuando me pidieron preparar un borrador para una demanda. Me lo tomé muy en serio, lo revisé varias veces y cuando el abogado responsable me felicitó por el resultado, sentí que por fin empezaba a encontrar mi lugar. Fue una pequeña victoria, pero para mí, un gran paso.
Ser becario no es fácil. Hay días en los que te sientes torpe o inseguro. Pero también hay días en los que te das cuenta de cuánto has crecido en poco tiempo. Hoy, después de unas semanas, sé que esta experiencia está marcando el inicio de mi carrera de una forma que no imaginaba.
Comenzar como becario en este bufete en Vigo ha sido un desafío, pero también una oportunidad enorme. Estoy aquí para absorber todo lo que pueda, y dar cada día lo mejor de mí.