El pelaje, las almohadillas o la cavidad bucal de las mascotas experimentan un deterioro acelerado sin una higiene y desparasitación regular. Esta rutina de aseo requiere el uso de enseres (cepillos, peines, etc.), además de un dentífrico, limpiador auditivo y Champu para pieles delicadas perros y gatos, entre otros. Se recomienda evitar aquellos productos que no se adapten a su edad, condición o estado de salud, optando siempre por soluciones específicas frente a las genéricas.
La periodicidad del baño varía en función del animal. A los gatos se les aseará una vez al mes, mientras que con los perros se hará lo propio cada cinco o seis semanas. Pero cada mascota es diferente. Las necesidades higiénicas de un pointer u otra raza destinada a la caza serán más exigentes que las de un bichón maltés cuyo ejercicio se reduzca al paseo diario.
La piel y el pelaje son un reflejo de la salud de la mascota. En condiciones normales, su aspecto es fuerte, suave y brillante, sin calvas, malos olores ni presencia de caspa. Debido a su extrema sensibilidad, es relativamente fácil que aparezcan irritaciones por el uso de champús de un pH equivocado.
Las pulgas, garrapatas y ácaros (Sarna sarcóptica, Cheyletiella yasguri, etc.) se «refugian» en el pelaje y provocan molestias y picores que afectan al bienestar del animal. Dado que estos parásitos transmiten patologías, pueden causarle fiebre, anemias o la enfermedad de Lyme. Obviamente, existe el riesgo de que sus virus y patógenos contagien al ser humano.
La suciedad acumulada en las uñas y almohadillas, por su parte, también es fuente de molestias e infecciones. Estos depósitos de grasa desempeñan una función similar al «calzado», por lo que es fácil imaginar el efecto de un cuerpo extraño (espinas, tierra, etc.) alojado en ellos. Por eso, es importante prestarles atención durante el aseo y no desatender tampoco la higiene bucal.